Doom

En una fusión más que sorprendente de biotecnología y entretenimiento, un estudio realizado por estudiantes del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha revelado que el emblemático juego de disparos en primera persona, Doom, podría, en teoría, ejecutarse utilizando bacterias E. coli. La noticia, que ha causado revuelo en la comunidad científica y gamer, fue reportada inicialmente por Rock Paper Shotgun.

La investigadora y estudiante de biotecnología del MIT, Lauren «Ren» Ramlan, en su informe, propuso utilizar células de E. coli contenidas en una placa de 32×48 pozos conectada a un controlador de pantalla. En esta placa, los pozos funcionarían como píxeles, con el controlador de pantalla traduciendo los gráficos de Doom en señales que controlan la fluorescencia de las células. Un video muestra los resultados simulados.

Siempre me ha atraído el lado divertido y entretenido de la ciencia. Encuentro que la bioingeniería es una maravillosa pero subutilizada para el arte y la creatividad«, comentó Ramlan. Este proyecto es un claro ejemplo del tipo de trabajo científico que persigue Ramlan: una combinación de ingeniería genética con entretenimiento que invita a la reflexión.

Doom, lanzado en 1993, es conocido por su pequeño tamaño de archivo y por influenciar un próspero género, dando lugar a una franquicia duradera que sigue generando títulos populares. Ramlan eligió Doom debido a su reputación de juego en dispositivos no convencionales.

El concepto de «Doom funcionando en todo» ha dado lugar a un movimiento que busca jugar el juego de la mayor cantidad de maneras no intencionadas posible, incluyendo cajeros automáticos, impresoras, calculadoras, ladrillos de lego y hasta patatas.

La computación neuronal ya nos ha dado neuronas capaces de controlar simuladores de vuelo, robots, jugar Pong y recientemente, jugar Doom. Sin embargo, Ramlan argumenta que programar células para jugar Doom no es lo mismo que ejecutar el juego ellas mismas.

Ramlan señaló que llevó 70 minutos para que las células E. coli «alcanzaran el pico de visualización» en su simulación, y 8 horas y 20 minutos para volver a su estado original. Sin embargo, ejecutar completamente el juego de esta manera podría tomar siglos.

A pesar de los desafíos, este experimento no solo destaca la versatilidad y el atractivo diseño de Doom, sino que también pone de relieve el creciente interés y las posibles aplicaciones creativas de la biología sintética. La popularidad inesperada del proyecto de Ramlan es un testimonio del potencial de esta intersección entre la ciencia y el entretenimiento, invitando a imaginar un futuro donde las fronteras entre la biología, la tecnología y los videojuegos sean cada vez más difusas.